En mi estancia en Lisboa me enamoré de los mercados de antigüedades, me encantaba perderme entre la porcelana olvidada en el tiempo, en esos mercados nació la semilla de Maruxiña Voavoa. Cada pieza que descubría con su belleza y su historia, despertaba en mí una emoción especial. Fue ahí donde surgió la idea de dar una segunda vida a estos tesoros, transformándolos en piezas originales y llenas de personalidad. La fragilidad de la cerámica, su belleza imperfecta, me invitó a experimentar, a jugar con los fragmentos y crear piezas únicas, piezas con alma.
Con cada vela, cada complemento, con cada nueva creación busco transmitir esa esencia, esa conexión con el pasado, con la naturaleza, para compartirla contigo.
En mi taller, cada pieza es creada con mucho amor y dedicación y tiene su propia historia, espero que al adquirirla tú puedas crear la tuya propia.